Bikes are for summer. Las bicicletas son para el verano. Esta historia está contada por muchas personas diferentes, cada una con sus opiniones, sus verdades, sus mentiras y sus secretos. Déjate empapar por los pensamientos de Coreen, Jude, Dan, Leighton, Gail... y no te olvides de dejar comentarios sobre qué te parece el blog, nuevas ideas, o simplemente un saludo para que sepa que lo habéis leído ;)

viernes, 11 de marzo de 2011

Cinco.
DAN RACER
  • ¡¡¡MAMÁ!!!- Grité.- ¡JACKIE ME HE COGIDO LOS CASCOS DEL IPOD, Y DICE QUE SON SUYOS!

  • ¡ Dan, si quieres decirme algo, vienes aquí abajo, pero no me gritas como si fuera tu chacha!- Contestó mi madre en un grito tan alto como el mío- ¡Y Jackie, devuelvele los cascos que tu no tienes iPod!

Mi hermana de 11 años, Jackie, vino a mi habitación con cara de mala leche y me tiró los casquitos blancos al suelo.
Los cojí y los enrrollé en mi iPod nano de hace mil años.
Abrí el cajón de los pantalones, los saqué todos y lo tiré a la segunda maleta que llenaba.
Luego fuí al baño a por el neceser.
Estaba haciendo la maleta demasiado rápido, y sabía que cuando llegara a Darewood Hills me iba a arrepentir de no haberla ordenado. Y es que como cada año, lo había dejado para el 24 de agosto, el día antes de irme.
Salí de mi habitación y fui a la de mi hermano George.
  • Eh, Dan, ¡tu nunca me dejas entrar en tu habitación!- Exclamo el enano de seis años al verme.- ¡Vete, que estoy jugando con los playmobil!

  • Por favor, George, ¡sólo necesito coger esos cuadernos que dejó papá en tu armario!- Le dije abriendo la puerta.- Me voy mañana, ¿recuerdas?

Puso los ojos en blanco y siguió jugando con su barco pirata.
Volví a mi habitación y justo sonó mi teléfono.
Miré la pequeña pantalla del ladrillo que tenía por móvil. Jude.
  • ¿Jude?

  • Tio, ¿te vas a llevar la bola de volley o me la llevo yo con hinchador?
Jude nunca decía hola cuando cogía el teléfono ni cuando llamaba a alguien. Siempre daba por hecho que la gente reconocía su voz.
  • Mejor llévatela tú, por que creo que Jackie se llevó la mía al campamento y la pinchó...

  • Amm, okey.

  • ¿Como llevas la maleta?

Cogí los cuadernos sujetando el teléfono con en hombro y los metí a presión en la maleta.
  • Uf, pues como todos lo años, llevo todo a presión.- Se rió.

  • Bueno, nos vemos mañana, ¿vale tio?

  • Okey...Pero creo que yo voy a llegar un poco tarde, ¿eh? Tengo que llevar a Coreen en coche... Ah, no te lo he dicho, Coreen ha entrado en Darewood.-Dijo.

  • ¿Si? Ah, pues felicítala de mi parte- Sonreí.- Bueno, que nos vemos mañana.

  • Vale...

Colgó.
Cinco.
DAN RACER
  • ¡¡¡MAMÁ!!!- Grité.- ¡JACKIE ME HE COGIDO LOS CASCOS DEL IPOD, Y DICE QUE SON SUYOS!

  • ¡ Dan, si quieres decirme algo, vienes aquí abajo, pero no me gritas como si fuera tu chacha!- Contestó mi madre en un grito tan alto como el mío- ¡Y Jackie, devuelvele los cascos que tu no tienes iPod!

Mi hermana de 11 años, Jackie, vino a mi habitación con cara de mala leche y me tiró los casquitos blancos al suelo.
Los cojí y los enrrollé en mi iPod nano de hace mil años.
Abrí el cajón de los pantalones, los saqué todos y lo tiré a la segunda maleta que llenaba.
Luego fuí al baño a por el neceser.
Estaba haciendo la maleta demasiado rápido, y sabía que cuando llegara a Darewood Hills me iba a arrepentir de no haberla ordenado. Y es que como cada año, lo había dejado para el 24 de agosto, el día antes de irme.
Salí de mi habitación y fui a la de mi hermano George.
  • Eh, Dan, ¡tu nunca me dejas entrar en tu habitación!- Exclamo el enano de seis años al verme.- ¡Vete, que estoy jugando con los playmobil!

  • Por favor, George, ¡sólo necesito coger esos cuadernos que dejó papá en tu armario!- Le dije abriendo la puerta.- Me voy mañana, ¿recuerdas?

Puso los ojos en blanco y siguió jugando con su barco pirata.
Volví a mi habitación y justo sonó mi teléfono.
Miré la pequeña pantalla del ladrillo que tenía por móvil. Jude.
  • ¿Jude?

  • Tio, ¿te vas a llevar la bola de volley o me la llevo yo con hinchador?
Jude nunca decía hola cuando cogía el teléfono ni cuando llamaba a alguien. Siempre daba por hecho que la gente reconocía su voz.
  • Mejor llévatela tú, por que creo que Jackie se llevó la mía al campamento y la pinchó...

  • Amm, okey.

  • ¿Como llevas la maleta?

Cogí los cuadernos sujetando el teléfono con en hombro y los metí a presión en la maleta.
  • Uf, pues como todos lo años, llevo todo a presión.- Se rió.

  • Bueno, nos vemos mañana, ¿vale tio?

  • Okey...Pero creo que yo voy a llegar un poco tarde, ¿eh? Tengo que llevar a Coreen en coche... Ah, no te lo he dicho, Coreen ha entrado en Darewood.-Dijo.

  • ¿Si? Ah, pues felicítala de mi parte- Sonreí.- Bueno, que nos vemos mañana.

  • Vale...

Colgó.
Cuatro.
GAIL DURST.
  • ¿En serio tia?- Paloma me miró con cara preocupada, y laura se mordió el labio.

  • Si...- Miré al césped en el que estábamos sentadas, casi a punto de echar a llorar.- Y ya sabéis lo que pasó la última vez que fui a Ohio...

Se miraron entre ellas.
  • Tia, pues escápate de casa... o no sé, vente a la mía, que a mi madre le da igual.- Me sonrió Laura.
  • Yo te ofrecería la mía, pero tendrías que dormir en la bañera.- Paloma me hizo reír, siempre lo conseguía cuando quería.

Les di un abrazo, como agradecía tener unas amigas tan maravillosas.
Nos levantamos del césped y fuimos a comprar un helado, porque estábamos a 20 de Agosto y en Madrid eso era como estar en un horno.
Nos acercamos a un puesto de helados y miramos el cartón en el que ponía que helados había.
Me pedí un cucurucho de fresa, y paloma y laura unos calippos de lima limón.
Estábamos andando por el borde del lago, mirando los patos, cuando derrepente... Bueno, todo pasó muy rápido: Estábamos Paloma y yo riéndonos de un pato que tenía una calva, cuando derrepente, alguien se chocó conmigo y me tiró al suelo. Pegué un grito del susto, Paloma y Laura empezaron a reírse y yo traté de entender que había pasado. Miré a mi alrededor y vi a un chico con gafas wayfarer blancas que parecía tan desorientado como yo. Llevaba unos patines puestos, y toda su camiseta estaba manchada de mi helado de fresa.
  • ¡Ostia, perdona!.- Se levantó y me tendió una mano para que me levantase también.- Dios lo siento, no estaba mirando por donde iba y me he chocado contigo.

Levanté una ceja.
  • No, si eso ya se ve.- Odiaba ponerme borde, pero es que me había dejado sin helado de fresa.

  • Eh, tronco pero mira como me has puesto mi camiseta...- la estiró por abajo.

  • ¿Encima me echas la culpa?- Noté como Laura me apretaba el brazo por detrás. Vale, me estaba pasando.- Bueno, es igual.

Me di la vuelta y seguimos andando, sin mirar atrás.
  • Tia no te preocupes, es solo que estás un poco bajo presión, por lo de Ohio y toda esa mierda, ¿vale?- Me dijo Laura, poniéndome la mano en el hombro.ç
Resoplé. Sí, ese era el término correcto: Toda esa mierda.
Tres.
JUDE JAVIERS
Sonó mi móvil. Lo cogí mientras me echaba la guitarra al hombro y salía de la casa de Jonah. Me dolía la cabeza y al final se me había olvidado pedirle un paracetamol.
Miré la pantalla. Mi madre. Uf, que pereza, ella seguro que notaba que tenía dolor de cabeza y se pensaría que había estado de fiesta en vez de ayudando a Jonah con sus clases de guitarra. Pero aún así lo cojí, sabiendo que si no luego se ponía muy pesada y empezaba a hacerte chantaje emocional con que con la pierna así nunca podía salir de casa y le era difícil tenernos controlados... O cualquier cosa así.
  • Mamá, no te pongas nerviosa, estoy a punto de coger el 228 para llegar a casa..- Dije antes de que pudiera quejarse.

  • Jude, no soy mamá- La voz de Coreen, mi hermana pequeña. - Soy Coreen, y tengo que contarte algo.

Se notaba que estaba emocionada.
  • ¡¡Me han aceptado en Darewood Hills!!- Gritó.

  • ¿en serio? ¡Vaya Co, que bien!- Exclamé, sonriendo

  • Empiezo el mismo día que tú, osea el 25 de Agosto, y voy a ir a encargar mis libros ahora mismo con mamá, así que no cojas el 228, coge el 225, que te lleva a Main Street, y así los encargas tú también, ¿vale?

  • Eh, vale, okey Co- Dije mientras me acercaba a la parada de autobús.- Y por cierto, enhorabuena.
  • ¡Gracias!.- Exclamó.-Por cierto, Jude, ¿Qué estuvisteis haciendo anoche Jonah y tú? Tienes la voz fatal.
Una digna hija de su madre...

Dos.
GAIL DURST
  • ¿Qué?- Miré a mis padres alzando una ceja- ¿Un internado? ¿En Ohio? ¡Y una mierda!
Arrugué la nariz, ¡era completamente absurdo!

  • Controla ese vocabulario, Gail.- Se apresuró a decir mi madre, mirando por la ventana fugazmente, probablemente comprobando que Teresa Lozano, su eterna enemiga y nuestra vecina de enfrente, no estuviera mirando.

Crucé los brazos.
  • Obligadme a ir. Me voy a escapar.

  • Por favor Gail, entiéndelo.- Mi padre se colocó las gafas con el dedo índice, un gesto que hacía a menudo, y que yo odiaba.- No hay opciones. ¿o prefieres venirte el año entero a Turquía con nosotros? Sabes que no, y además, la tia Rose se ha ofrecido a irte a recoger al aeropuerto y a llevarte ella misma al colegio.

  • ¿Pero porqué tiene que ser tan lejos? ¿No podeís mandarme a ese de Tres Cantos?

  • Jovencita, no me puedo creer que quieras desaprovechar una oportunidad como la de irte a estudiar al extranjero.- Mamá puso su mejor cara de indignada mientras, por el rabillo del ojo, la vi mirar por la ventana de nuevo.- Irás a Ohio y punto.

  • Como digáis, yo me voy.- Dije mientras me levantaba de la silla de la cocina en la que había estado sentada.

¿Porqué me hacían esto? ¿por qué me daban una oportunidad que no quería para nada. Y encima en Ohio. Ohio no traía buenos recuerdos. De hecho, la última vez que fue a visitar a la tia Rose había sido algo... Bueno, no era necesario recordarlo una vez más.
Cogí mi bolso marrón y me puse unas sandalias romanas que me había comprado el último finde con Paloma. Cogí mis llaves de mi escritorio y salí del piso en el que vivía dando un portazo.
Llamé al ascensor, mientras sacaba el móvil de mi bolso. Quizá llamara a Laura y a Paloma para ir al Retiro. El ascensor llegó, y me metí dandole a la letra B.
Cuando salí del portal, me perdí en las calles de Madrid, pensando que en vez de llamarlas y gastar saldo, mejor iba a sus casas para que no tuvieran elección. Tenía que contarles lo de Ohio.

Uno.
COREEN JAVIERS
-¡Coreen, el correo ha llegado, cójelo y súbemelo!- El grito de mi madre interrumpió mi super maratón de gossip girl e hizo que Lou, mi gato, se metiera debajo del sofá.

Últimamente, mi madre estaba especialmente pesada. En una de sus clases de aerobic, había resbalado subiendo al step y se había partido una pierna (ni el monitor, ni el médico que la atendió ni yo sabíamos cómo demonios se había hecho tal burrada en un ejercicio tan básico). Así que durante los útimos tres meses había pasado el día del sillón a la cama y de la cama al sillón.
Paré el capítulo de Gossip Girl y me levanté del sillón. Me agaché y miré debajo, donde dos ojos amarillos me observaban.
  • Venga Lou, sal de ahí que sabes que sólo es mamá- Le dije en un tono muy bajito.
    Cuando lo hizo, le cogí en brazos para llevarle a su cojín de la cocina. Lou estaba bastante gordo, así que lo dejé a mitad de camino

Me acerqué al recibidor para recoger el correo y me agaché para coger los cinco sobres que habían llegado. Los apilé todos y me los llevé hacia las escaleras.
Mientras subía hacia el piso de arriba, fui pasándolos para verlos. Una carta del banco, otra de la tarjeta del supermercado de mi madre, una de publicidad de comida para perros y gatos...Derrepente me paré de golpe. Miré el cuarto sobre detenidamente. Era de color crema, y tenía, en letras azules oscuras, escrito: Darewood Hills School, Ohio. Le di la vuelta despacio. En el lugar del destinatario, en el mismo color azul oscuro, estaba escrito un nombre: Coreen Javiers. Mi nombre.
No me lo podía creer. Pegué un grito de alegría. Subí el resto de escaleras a toda velocidad y entré en el dormitorio de mi madre agitando el sobre en lo alto.
  • ¡Mamá, no te lo vas a creer.. ME HAN ACEPTADO! ¡¡Voy a ir a Darewood!!- Grité, y me acerqué a la cama donde mi madre estaba sentada con su escayola estirada.

  • ¿En serio?- Abrió mucho los ojos sonriendo, y me invitó a sentarme a su lado dando un golpecito en el colchón.- Ven aquí, ¡Cariño, eso es genial! ¡A ver, abre el sobre!

Casi me temblaban las manos al romper la solapa. Saqué unos papeles del mismo color que el sobre que se notaba que eran de los caros, de los que pesan.
Los desdoblé y empecé a leer en voz alta, mientras mi madre no paraba de hacer comentarios de a todas las personas que tenía que llamar para contarles la noticia.