Once.
HEATH MARSHALL
Tenía calor. Me daban calor hasta las gafas de sol. Quería agua, pero estaba en la mochila, y en este momento no la podía alcanzar. Joder, ¿cuantos grados debían hacer? ¿40?
Sólo tengo que pedalear cinco minutos más, pensé. ¿ En cinco minutos daba tiempo a que me diera un ataque de calor o una insolación?.
Mientras me moría de calor, montaba en bicicleta y trataba de pensar una forma de coger la botella de agua sin pegarme una hostia, sonó el móvil. Esa canción de la compañía telefónica que mi hermano me había puesto un día que me cogió el móvil y que se me había olvidado cambiar. Me paré a un lado de la carretera y me descolgué la mochila del hombro.
Abrí el teléfono. Dan.
- ¿Hola?.- Pregunté al aparato, con la respiración entrecortada del calor y del cansancio.
- Tronco, ¿donde coño estás?.- Susurraba.
- Oye tio, ¡que he tenido que venir haciendo autoestop y luego en bicicleta!
- Joder pues date prisa, que ya estamos en el salón de actos y está el director dando la charla de bienvenida.
Colgué el teléfono y me monté de nuevo en la bici, yendo más rápido que antes. ¿Por qué todos los años me pasaba lo mismo?
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