Bikes are for summer. Las bicicletas son para el verano. Esta historia está contada por muchas personas diferentes, cada una con sus opiniones, sus verdades, sus mentiras y sus secretos. Déjate empapar por los pensamientos de Coreen, Jude, Dan, Leighton, Gail... y no te olvides de dejar comentarios sobre qué te parece el blog, nuevas ideas, o simplemente un saludo para que sepa que lo habéis leído ;)

viernes, 11 de marzo de 2011


Treinta y cinco.
COREEN DURST
  • Dio mío, mi cabeza.- Susurré nada más abrir los ojos.
  • Cuéntamelo a mí.- Me respondió Gail desde su litera.- ¿los paracetamoles los tenía en la mochila roja?.
  • No pienses tanto, que me duele la cabeza a mí.
La puerta de la habitación 54 se abrió de golpe.
  • ¡Que clase de subnormal ha hecho tanto ruido?.- Exclamé al instante.
Giré un poco la cabeza para mirar quién era. Leighton.
  • Dios, ¡Lo siento!.- Dijo tapándose la boca.- Pero ya son las doce del mediodía, no tenéis desayuno. Pensaba que estabais despiertas.
Me extraño que usara tantas palabras en la misma frase. Estas primeras semanas sólo se había comunicado a través de monosílabos
  • Bueno, yo me voy a dar un paseo por ahí... ¡Buenos días!.- Salió de la habitación, risueña. No me paré a pensar en nada por mucho más tiempo. Volví a cerrar los ojos, deseando dormirme de nuevo.
Treinta y cuatro
LEIGHTTON DE LA MOULINE.
Estaba sentada en una silla. Sola. Mirando como la gente reía y se lo pasaba genial. La otra Leighton estaría ahí, bailando. Probablemente bailando con heath algún baile de broma. O riéndose con sus amigas del año pasado. Pero no. La Leighton sosa la Leighton tonta que nunca tiene ganas de nada, la Leighton que era en ese momento, esa Leighton simplemente se dedicaba a mirar a la gente reír. Alguien se acercó a mí, iba haciendo eses. Heath. Sentí un golpe que hizo que me subieran las pulsaciones.
  • Princesa... Leigh, ¿Me concedes este baile?.- Dijo con voz gangosa. Era obvio que había bebido bastante.
Sonreí. Heath tenía los ojos brillantes, y extendía su mano hacia mí.
Se la cojí. ¿Por qué no?
Durante os siguientes diez minutos la Leighton antigua pareció resurgir. No podía parar de reír. Hasta acabamos haciendo el Michael Jackson como el año pasado. Estaba disfrutando como no lo hacía desde hace meses. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que había soltado la última carcajada? Por lo menos cinco meses.
Treinta y cuatro
LEIGHTTON DE LA MOULINE.
Estaba sentada en una silla. Sola. Mirando como la gente reía y se lo pasaba genial. La otra Leighton estaría ahí, bailando. Probablemente bailando con heath algún baile de broma. O riéndose con sus amigas del año pasado. Pero no. La Leighton sosa la Leighton tonta que nunca tiene ganas de nada, la Leighton que era en ese momento, esa Leighton simplemente se dedicaba a mirar a la gente reír. Alguien se acercó a mí, iba haciendo eses. Heath. Sentí un golpe que hizo que me subieran las pulsaciones.
  • Princesa... Leigh, ¿Me concedes este baile?.- Dijo con voz gangosa. Era obvio que había bebido bastante.
Sonreí. Heath tenía los ojos brillantes, y extendía su mano hacia mí.
Se la cojí. ¿Por qué no?
Durante os siguientes diez minutos la Leighton antigua pareció resurgir. No podía parar de reír. Hasta acabamos haciendo el Michael Jackson como el año pasado. Estaba disfrutando como no lo hacía desde hace meses. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que había soltado la última carcajada? Por lo menos cinco meses.
Treinta y tres.
JUDE JAVIERS
  • Voy a por bebidas, ¿quieres algo?.- Le pregunté a Lisbeth.
    Asintió con la cabeza, era inútil pretender que nos escuchábamos entre tanto ruido y tanta gente.
Me dirigí a uno de los camareros que se iban paseando por la sala con vasos. Cuando iba a estirar el brazo para alcanzar una de las copas, vi que había una pareja besándose unos metros mas allá. Conseguí distinguir al chico, era Heath, con su blusa de color negro. LA chica... Pelo marrón.. Vestido azul... ¡Gail! Me costó unos segundos cercionarme de que realmente era ella. Sí, ese era sin duda su pelo.
Por unos segundos, separaron las caras, y Gail se giró en mi dirección una media sonrisa. Cuando se encontró con mis ojos su mirada se volvió seria, pero giró rápidamente la cabeza de nuevo hacia Heath. Él la miraba sonriente. Dijo algo y ella se rio. No podía dejar de mirar. ¿Por qué? ¿Qué sentía exactamente? ¿Celos? No creo. ¿Decepción? Algo parecido. Era una mezcla de sentimientos que hacía que sintiera cada segundo como auténticas horas.
Heath se separó de Gail y fue a hablar con los del equipo de baloncesto. Gail se quedó un rato quieta. Parecía un poco dudosa. Sus mejillas estaban algo coloradas. Volvió a mirar hacia mí, y creo que el brillo que vi en su mejilla era una lágrima. Empezó a andar hacia la puerta, rápido.
La seguí, cauteloso, por detrás. Salió del gimnasio y vi a través del cristal cómo se sentaba apoyada en una de las paredes. ¿qué le pasaba?
Abrí la puerta y sentí el frío muy intenso después del calor de adentro.
Me senté a su lado. Tenía las mejillas manchados de rimmel líquido. Su mirada estaba posada en el suelo. Se giró para mirarme.
  • Ah, tú.- Arrugó el gesto.

  • ¿Qué pasa Gail?.- Pregunté en voz baja.- Has llorado.

  • ¿Qué me pasa?.- Su voz era algo rara. Como si hubiera bebido. Abrió la boca como si fuera a seguir hablando. Pero la cerró.

    Otra lágrima cayó por su mejilla.
  • Odio este colegio. Odio este sitio. Sólo me recuerda cosas malas de mí. Mi faceta de zorra, por ejemplo.- Sonrió amargamente y se volvió para mirarme.

  • ¿Qué zorra?.- Pregunté, obligándola a mirarme a los ojos.Luego entendí.- Heath.
No dijo nada. Apartó la mirada de mí.

  • ¿Te puedo preguntar algo?.- Pregunté, sin esperar una respuesta. No la obtuve.- El verano pasado éramos muy amigos. Quiero saber porqué estás así, rara, conmigo.

  • ¿rara?.-Miró al cielo, era de noche y se podían ver las estrellas.- El problema eres tú. Te odio. A tí también te odio. Porque eres ciego. No sabes ver las cosas.

Me giré para mirarla.
  • ¿Sabes que creo?.- La miré.- Que deberías irte a tu habitación ya. Estás fatal, los de senior year han metido alcohol en los cócteles y …

  • No estoy fatal. Estoy perfectamente. Y sigo odiándote. Por estar tan ciego. ¡No lo entiendes, ¿vale?! ¡No lo entiendes ese es el único problema. Tú tienes la culpa de que este año que ha pasado haya sido una mierda.

  • ¿Qué?.- Pregunté, desconcertado. No me estaba enterando de nada.- ¿Qué estás diciendo, Gail?
  • Olvídalo.- Se levantó y se fue hacia el edificio de las habitaciones.
    Por lo menos me hizo caso. 

Treinta y uno.
HEAT MARSHALL.
  • Se ha ido, me ha dejado completamente solo tío.- ME decía Dan encogiéndose de hombros.- Creo que iré a por alguna de las gemelas Owen o... Kelly Santiago, la mexicana... O...
Alguien me dio unos toquecitos en el hombro. Dejé de prestar atención a Dan, lo que
era fácil, teniendo en cuenta el volumen de la música, y me giré. Gail. Sonreí.
Entonces todo sucedió muy rápido. Me cogió el cuello por atrás con la mano, acercó su cara a a mía, y me pegó un beso en la boca. Suave, dulce. Corto. Sonrió. Solté una risita y la devolví el beso.

Treinta y dos.
GAIL DURST.
Abbigail Helena Durst. ¿Qué se supone que estás haciendo? 
Treinta.
GAIL DURST
La música está en todas partes, todo el mundo baila, incluída yo, al lado de Heath, que no para de hacerme reír. Realmente es muy simpático.
Me dolían los pies, aunque mis tacones eran mucho más bajos que los de Coreen, que medían por lo menos catorce centímetros. Por cierto, ¿Donde está Coreen? Miré a mi alrededor, pero era casi imposible encontrar a nadie aquí, entre tanta gente.
La atmósfera era un poco agobiante, necesitaba respirar aire fresco.
  • ¡Voy a salir a tomar el aire, tengo mucho calor!.- Chillé en el oído de Heath. Él asintió y sonrió. Me parece que había mencionado algo de que los del Senior Year habían colado alcohol en los cócteles. No me extañó, todo el mundo estaba muy acelerado.
Mientras me abría camino hacia la puerta, alguien me ofreció un vaso con algo azul, y me lo bebí sin pensármelo, tenía mucha sed.
Por fín conseguí salir del gimnasio, y me apoyé en una de las paredes de ladrillo, con mi copa en la mano.
La puerta se volvió a abrir. Y salió... Jude.
Hice como que no le había visto.
Se apoyó a mi lado en la pared, sin decir nada. Estuvimos así por lo menos cinco minutos. Era una situación incómoda y algo extraña.
Al fín, Jude me sonrió y se volvió para a dentro. Esperé unos minutos después de que cerrara la puerta para volver a entrar. Y cuando lo hice, no pude arrepentirme más.
En una esquina, cerca de el comité de bebidas, había dos personas besándose apasionadamente. No pude evitar reconocer la camisa azul clara de Jude.
Avancé entre la gente a toda velocidad. Cogí otro vaso y me lo bebí de golpe. Luego me acordé de algo que había dicho Heath de los cocteles. Extrañamente, no era capaz de recordar el qué. Pero estaba decidida. Entre la multitud, vi a Heath hablando con Dan, riendo, por supuesto. 
Veintinueve.
DAN RACER
Ahí estaba Julie, sentada en el banco de al lado del gimnasio. Me había vestido para la ocasión, tras horas y horas Jude insistiendo en que tendría muy pocas oportunidades como Julie Howard, y que tenía que impresionarla. A veces me pregunto cómo puede ser tan sincero y que aún así sigamos siendo amigos.
Llegué a su lado, y saludé con la mano. Qué difícil era moverse con esto puesto.
Iba preciosa, con un vestido morado de palabra de honor y unos tacones del mismo color, muy altos.
  • ¡Hola!.- Exclamé
Sonrió, un poco fría para mi gusto. Se levantó y la cogí del brazo. Avanzamos hacia la entrada del gimnasio, donde entregamos ambas entradas. La chica sentada en la mesa nos indicó que avanzáramos para hacernos la fotografía para el anuario.
El profesor de filosofía estaba haciendo las fotografías, y nos pusimos a la cola. Julie saludó por lo menos a veinte personas que pasaron cerca de nosotros, y que ni me miraron.
  • La pareja de la chica del pelo rojo, venid, es vuestro turno.- Dijo el señor Neill. Nos colocamos en posición.- Más juntos... Las cabezas ligeramente ladeadas y...
Un flash cegador nos impidió ver por unos instantes, y luego entramos en la fiesta.
El gimnasio estaba totalmente cambiado. Las luces de colores inundaban todo, y había enormes carteles por todas partes, guirnaldas, y música a todo volúmen.
Me giré para mirar a Julie, pero cuando miré a mi izquierda, ya no había nadie. Qué chica. Me encogí de hombros y decidí buscar a alguien conocido. Y quizás algo de comer.
Veintiocho.
COREEN JAVIERS.
Con prisa, me dirigí a la parte trasera del edificio del gimnasio. Vaya, quizás Bree tenía razón y estos tacones eran demasiado altos. Pero bueno, nada era demasiado para subir mi uno cincuenta y cinco.
Allí estaba Jake, mirando al suelo mientras daba pequeños pasos a ninguna parte.
  • ¡Hola!.- Exclamé, con la mejor de mis sonrisas.- Perdona, llego un poco tarde.
Se giró en mi dirección y sonrió.
  • No pasa nada, acabo de llegar.- Me sonó a mentira, pero mientras todas fueran así...- Estás preciosa.
  • Gracias.- Sonreí.- Bueno, entonces...¿Vamos yendo?
  • Vamos.- Sonrió, se acercó a mí, y me cogió del brazo de una forma caballerosa, que sinceramente, me pareció un poco cursi.
Dios mío, los zapatos sí era muy altos. Mis pies estaban muriendo. Pero mi sonrisa, igual de radiante, por supuesto.
Veintisiete.
LEIGHTON DE LA MOULINE.
  • ¡¿Con Jake Lumby?! ¿Jake Lumby el de los ojos azules?.- Tiara acercó su cabeza a la de Coreen, con ojos incrédulos.- ¿De verdad?
Coreen sonrió de medio lado.
  • Si, con Jake Lumby.- Se encogió de hombros sonriendo.- ¿Qué pasa?
  • ¿Que qué pasa?.- Exclamó Amanda.- ¡Es el tio más guapo de tercero!
Gail sonrió, noto que todavía le cuestan los nombres.
Coreen sonrió ilusionada, y cogió la toalla y su bolsa con los champús para irse a la ducha.
  • ¿Y tú, Gail?.- Preguntó Bree, desde la mesa escritorio, donde intenta hacer los deberes, algo muy dificil en nuestra habitación.- ¿Con quién vas tú?
Gail sonrió, tímida.
  • Heath Marshall, el de cuarto.
  • ¿En serio?.- Preguntó Amanda, sorprendida.- Pensaba que Heath no iba con pequeñas.
Espera, ¿Qué? ¿Heath y Gail? No le pegaba nada. ¿Tan rápido se había recuperado?
No me lo podía creer. Sentía ganas de llorar, y como no quería que se me notara, salí de esa habitación lo antes que pude, con una excusa vaga.
Veintiséis.
GAIL DURST
Esperé a que Heath se fuera. Salí de la clase y tiré la mochila al suelo del pasillo con rabia. Me apoyé en la pared y me fui escurriendo hasta que llegué al suelo.
Esto era demasiado. No podía ser. Era hasta masoquista. Durante el último año, había tenido tiempo suficiente para convencerme a mí misma. Más que suficiente. Habían sido demasiadas horas esperando a que me hablara en el chat del facebook. Habían sido demasiadas veces las que Paloma y Laura me habían dicho que debía olvidarme de él. De hecho, en los últimos meses, ya casi había conseguido olvidarle. Ya casi no pensaba en él. Casi, había conseguido engañarme a mí misma. Era absurdo, era enfermizo, no tenía absolutamente ningún sentido. Pero era real. Demasiado real.
¿Qué debía hacer? Heath era muy guapo. Era simpático, por lo que sabía de él. Y probablemente también era una buena forma de mantener mi mente ocupada.
Decidido. Le diría que sí a Heath. ¿Por qué no? De todas maneras, la única persona que quería que me pidiera, no lo iba a hacer, así que, ¿por qué estar amargada toda la fiesta?
  • ¡Gail, aquí estás! .- La voz de Coreen sonó con eco en el pasillo.- Ven, casi es la hora de comer y si no nos damos prisa, luego nos toca sentarnos con Alicia y las otras guarras de tercero.
Me levanté, cogiendo la mochila y echándomela al hombro. Tenía cosas que contarle.
Veinticinco.
HEATH MARSHALL
Estaba andando por el pasillo, cuando ya habían acabado las clases. Entonces, cuando pasé por delante de la clase de historia, la vi.
Gail estaba en un pupitre recogiendo sus cosas y poniéndolas en su mochila. Las persianas estaban cerradas y no quedaba nadie más en la clase.
  • Toc, toc.- Dije, mientras entraba.

Se apartó el pelo de la cara para mirarme.
  • ¿Hola?.- Torció un poco el gesto.- ¿Quién quieres?

  • ¿No te acuerdas de mi?.- Levanté las cejas, sonriendo.- Chocamos el otro día.

Pareció darse cuenta de golpe.
  • Ah, es verdad... Heath- Sonrió.- ¿Qué quieres?

  • Preguntarte algo.

Estrechó los ojos y apretó los labios, desconfiada.
  • ¿El qué?.- Preguntó, mientras metía otro cuaderno en su mochila.

  • ¿Vendrías conmigo al homecoming?.- Me miró, extrañada.- A ver, ya sé que quedan dos días, pero no tengo pareja y creo que tú tampoco,¿Me equivoco?

  • Umm.-Me miró a los ojos.- ¿Sabes qué? Me lo pensaré y te buscaré hoy
    después de la cena, ¿Te parece bien?

Sonrió y se puso la mochila al hombro.
  • Me parece bien.
Veinticuatro.
GAIL DURST
Mientras trataba de concentrarme en los romanos y sus conquistas en el mediterráneo, no podía quitarme de la cabeza la misma pregunta. ¿Quién narices me iba a invitar al Homecoming? Yo quería que fuera Jude, pero sabía que eso no iba a pasar. Esto no estaba bien. Debía olvidarme de él, aceptar que nunca iba a pasar nada.
Suspiré, y la señora Hitch me lanzó una mirada asesina, ya que el silencio en la clase era absoluto, y cualquier cosa que hicieras se oía casi con eco.
  • Tss, Gail.- Oí la voz de Coreen detrás de mí.- eh, ¿Qué años ha dicho que fue la conquista de Sicilia?

  • No prestaba atención.- Susurré, encogiéndome de hombros.

La señora Fitch paró de hablar y se volvió hacia mí.
  • Señorita Durst, ¿Tiene algo que compartir con la clase?.- Alzó una ceja.

  • ¡Pero si no he dicho nada!.- Exclamé.

  • Perdone, seré vieja, pero todavía no estoy sorda.- Se cruzó de brazos.

Oh, genial, ahora un castigo. Noté como todas las miradas se giraban hacia mí.
  • Se quedará a limpiar la clase cuando todo el mundo se haya ido.- Dijo, antes de volver a empezar a hablar sobre los romanos.

Probablemente, en mi clase de Madrid habría seguido discutiendo, pero esta vez no tenía ganas de enredar más las cosas.
Veintitrés.
JUDE JAVIERS
Quedaban tres días para el homecoming, y como cada año, eso en mi habitación se notaba.
  • Tío, ¿Crees que Julie Howard me diría que si?- Preguntó Dan mientras resolvía un problema de geometría.

  • ¿Pero cuantas veces has hablado con ella...- Dijo Heath.- ¿tres?

Me reí, y Heath también.
  • Yo tenía pensado ir con Leighton, pero como... Bueno, como ya no estamos juntos no tengo ni idea de a quién invitar.- Heath se encogió de hombros, mientras apartaba sus cuadernos de su cama y se tumbaba en ella.

Dan y yo nos miramos, un poco incómodos.
  • ¿Y tú, Jude?.- Dijo Dan entonces.- ¿A quién vas a invitar tú?

Me encogí de hombros. No tenía a nadie.
  • ¿Por qué no invitas a Gail, la española?.- Preguntó Heath levantando un poco la cabeza para mirarme.

  • No tío, igual se piensa que me gusta...

  • ¿Y no te gusta?.- Preguntó Dan arqueando una ceja.

  • No, ¿cuántas veces o he dicho que es sólo una amiga?.- Contesté, aunque de repente no estaba tan seguro.

  • Pues si no la invitas tú, la invitaré yo.- Dijo Heath levantándose de la cama.

  • ¿Pero tú de qué la conoces?.- Me reí.
  • Chocamos el otro día.- Se encogió de hombros y cogió uno de los cuadernos para empezar a hacer los problemas que ni si quiera había empezado.
Veintidós.
GAIL DURST.
Ya había pasado una semana desde que estaba en el internado, y se me había pasado bastante rápido. Probablemente porque había estado tan liada con las clases y los nuevos horarios y todo eso, que apenas había pensado en Jude.
Amanda, Bree, Vivienne, Yue-ying, Leighton,Tiara, Coreen y yo subimos en el autobús que nos llevaría a la visita a Darewood, el pueblo que había más cerca del internado. Cada fin de semana haríamos esa excursión, en la que durante tres horas, nos dejaban sueltos por ahí. Quedaba una semana para el Homecoming, y ese fin de semana lo íbamos a dedicar a comprar los vestidos para el baile. Yo me preguntaba dónde íbamos a encontrar vestidos en un pueblo, pero Bree y Amanda insistieron en que era un pueblo enorme que estaba lleno de tiendas.
Cuando el autobús de tercero llegó, todo el mundo se esparció por el pueblo, y nosotras nos fuimos a la calle principal, donde estaban todas las tiendas. El pueblo tenía gente de todas las edades, ancianos, jóvenes, adolescentes, niños pequeños...
encontramos una boutique que se llamaba gilda's, y entramos para ver qué había.
Era como estar dentro de una película en blanco y negro, la de coración era retro y estaba lleno de vestidos preciosos. Hola, jornada de compras compulsivas.
Veintiuno.
DAN RACER
  • Eh, ¡buen tiro!.- Exclamó heath al ver mi triple.
Casi había anochecido, y, como habíamos hecho tantas noches el año anterior, Heath y yo nos habíamos quedado a entrenar hasta tarde en la cancha de baloncesto.
Heath dio tres pasos, pegó un salto, se colgó de la canasta, y coló la pelota con toda la facilidad.
  • ¡Bien!.- Exclamó al aterrizar en el suelo.- A propósito, ¿ Sabes a quién he conocido hoy?
  • Sorpréndeme.- Dije mientras cogía el balón y me aproximaba a canasta.
  • A Gail, la amiga de Jude.- Soltó una risita. Cogió el balón que le lancé y avanzó con él hacia la otra canasta. Saltó, pero falló.
  • Ya, yo también.- Sonreí, recordádola.- Es muy mona. Si yo fuera Jude me aprovecharía.
Él soltó una carcajada.
  • Sabes que Jude no hace esa clase de cosas.
  • Ya, bueno, admití.
Seguimos jugando mientras anochecía.
Veinte.
COREEN JAVIERS.
  • ¡Joder es enana tía!.- exclamé, nada más abrir la puerta de la habitación 54, la nuestra.- ¿Y aquí tenemos que convivir tres durante todo el curso?

Gail y yo entramos en la habitación, arrastrando nuestras maletas.
  • ¡Eh, espera!.- Exclamó Gail, adentrándose un poco más. Miró a su izquierda y se giró para mirarme a mí.- ¡Por aquí sigue!

Avancé hacia donde estaba ella. Era verdad, la habitación tenía forma de L invertida.
  • Uf, menos mal.- Comenté mientras me adueñaba de la cama de más al fondo.

Había una mesa de madera clara alargada que ocupada toda la pared del frente y que tenía tres sillas colocadas.
Gail se puso en la cama que había a mi lado, colocó una de las maletas encima de la cama y empezó a sacar camisetas y sudaderas. Yo hice lo mismo y empecé a llenar mi armario.
De repente, la puerta se abrió. Entró una chica con el pelo rubio y largo.
  • Hola.- Dijo, mientras arrastraba sus maletas.- Supongo que seremos compañeras de cuarto.

Hablaba como si estuviera pensando ¡Qué remedio!
  • Soy Leighton.- Sonrió un poquito.

  • Coreen.- La sonreí.

  • Yo soy Gail.- Gail sonrió bastante más que yo. Pensé que igual había quedado un poco mal... ¡Pero bueno! Tenía un curso entero para arreglarlo.
Diecinueve.
JUDE JAVIERS
Estaba con Dan esperando la cola de secretaría. Hoy las cosas iban un poco lentas en secretaría, porque estaba atendiendo la señora Haze. Esa mujer nunca podía hacer nada: Le pidieras lo que le pidieras, siempre te decía que eso no le correspondía a ella. Por lo menos, Dan y yo esperábamos que sí pudiera inscribirnos en el equipo de baloncesto un año más.
Se abrió la puerta trasera y entró una chica de pelo marrón muy largo con tirabuzones en las puntas... Gail.
  • ¡Gail, eh Gail!.- La llamé agitando un brazo.- ¡Ven, que te colamos!
Una chica con gafas rosa chillón que estaba detrás de nosotros me miró con cara de indignacíón.
Gail levantó la cabeza y me vio. Tenía una expresión un poco rara mientras se acercaba.. ¿Asombro?
  • Hola Jude.- Sonrió, y se puso delante de la chica de gafas rosas, que abrió la boca para decir algo pero que al final se calló.
  • Hey, Gail.- Sonreí también. Dan carraspeó a mi lado, y me apresuré a añadir.- Este es Dan, un amigo.
Dan dijo hola con la mano, sonriendo, y avanzó otra vez en la cola.
  • ¿Qué tienes que hacer en secretaría?.- Le pregunté, mirándola a los ojos.
Tardó unos segundos en contestar, como si estuviera pensandose qué decir. Luego respondió:
  • Bueno, tengo que traer miles de papeles porque mi madre olvidó apuntar mis alergias en la ficha médica.- Puso los ojos en blanco. Sonreí - ¿Y tú?
  • Dan y yo vamos a apuntarnos al equipo de baloncesto.- Contesté girando la cabeza hacia Dan.
No sabía que le pasaba. Juraría que el verano pasado me sostenía siempre la mirada, y ahora parecía huir de mis ojos.
Luego nos tocó el turno a nosotros y Dan dejó pasar antes a Gail que sólo tenía que dejar unos papeles.
Cuando Gail se fue, pareció que tenía muchas ganas de hacerlo.
  • Es muy guapa.- Comentó Dan, encogiéndose de hombros.

Dieciocho.
GAIL DURST
¿Cuántos papeles eran necesarios para cualquier cosa en este internado? Me preguntaba mientras andaba sola por uno de los pasillos del bloque 2, el de administración y donde estaban las clases.
Tenía que llevar todos esos folios a secretaría por que la ficha médica no contenía ni mi alergia a los frutos secos ni al melón. Empecé a leerlos por encima. Iba yo tan ensimismada en los papeles, que se me olvido mirar hacia adelante... Así, que teniendo en cuenta mi habilidad para chocar con la gente, de repente un chico rubio que iba escribiendo en su teléfono, chocó con mi brazo derecho y hizo que se me cayeran todos los papeles. ¿Cuantas veces me había chocado con alguien esta semana? Pensé.
  • Ay, lo siento.- Dije, agachándome para recoger los papeles del suelo. Él se agachó conmigo.

  • Tranquila, ha sido mi culpa, debería mirar hacia delante.- Medio sonrió y cogió algunos de mis papeles.

Me levanté y los organicé como estaban antes ordenados.
  • ¿Eres nueva?.- Preguntó alzando una ceja.- No me suena tu cara.

  • Sí, bueno, he llegado este año.

  • Heath Marshall, encantado.- Sonrió y me tendió una mano.

  • Gail Durst.- Sonreí ante su gesto, y le cogí la mano.

  • ¿Tú no serás española, verdad?.- Preguntó.

  • Sí...- Contesté extrañada.- ¿Como lo sabes?

Se rió. Tenía una risa bonita.
  • Tienes una manera rara de hablar...- Se encogió de hombros.- No, es coña, mi colega, Jude, me ha hablado de ti.

¿Qué? ¿Jude Javiers ha hablado de mí a un amigo suyo?
  • ¿Jude Javiers?.- Pregunté para asegurarme.

  • Si, el mismo.- Sonrió.

Esta conversación no me gustaba. Oír tanto su nombre no era bueno.
  • Bueno, yo tengo que llevar esto...- Me apresuré a decir.

  • Entonces nos vemos.- Sonrió y siguió andando.- Adiós.

Esto último lo dijo en Español, y no pude más que sonreír ante su acento.

Diecisiete.
HEATH MARSHALL.
  • Sí, tio, y se ha ido llorando.

Dije mientras sacaba mis camisetas y de la maleta que habían mandado mis padres unos dìas antes al colegio.
  • Tienes que hablar con ella, está claro que le pasa algo.- Comentó Dan, que estaba intentando meter todas sus camisetas en su cajón.

  • Ya, pero ella no está muy por la labor, ya os he contado lo que me ha dicho...

Seguimos un rato en silencio, deshaciendo las maletas.
  • Pues me he encontrado a una amiga del verano pasado, una chica española...Gail- Comentó Jude, rompiendo el silencio.- Hacía un año que no la veía.

  • ¿Y eso?.- Pregunté, buscando mis pantalones verde caqui entre los vaqueros.

  • Pues no sé, pero me he quedado flipando, por que ha cambiado muchísimo.. y justo hace unos días había estado pensando en ella, ¿Sabes?.- Dijo arrugando un poco la nariz.

Encontré los pantalones y los colgué en una percha.
  • ¿Seguro que era sólo una amiga?.- Pregunté, porque le conocía.

Dan empezó a reírse.
  • No tio, en serio...- Se rio.- Es solo una amiga.

Dieciséis.
LEIGHTON DE LA MOULINE
Ahí estaba Heath, hablando con Jude y Dan.
Suspiré y decidí acercarme, tenía que hablar con él.
Según me fui acercando, Heath empezó a saludarme en la distancia. Luego se fue acercando a mí.
  • Leigh!.- Exclamó al verme, y se acercó para intentar darme un beso. Yo le aparté poniendo las manos en sus hombros.- Venga, no te enfades, este año no he llegado tan tarde...

Negué con la cabeza.
  • Heath, tengo que hablar contigo.- Me limité a decir.

Él me miró extrañado.
  • ¿Qué pasa, Leigh?.- Preguntó.

  • Heath, es un poco complicado...- Empecé. Luego decidí soltarlo todo de golpe.- No quiero que volvamos ese año.¿Vale? Lo siento de verdad, pero no quiero que volvamos.

  • ¿Por qué?.- Pude leer la tristeza en sus ojos verdes.- ¿Qué te pasa Leighton?

Miré a la gente que pasaba a nuestro alrededor. Miré al suelo. Miré a sus zapatos. Ni yo misma sabía que me pasaba. No sabía por qué actuaba así.
  • Leighton...¿Qué te pasa?
Vacilé.
  • No lo sé ¿vale? No tengo... No tengo ni idea de que coño me pasa, pero lo que sí sé es que estando como estoy ahora, no quiero seguir contigo, ¿vale? De verdad, lo siento, pero no puedo...

  • Pero Leighton, sabes que me tienes aquí para lo que quieras... A mí no me importa que estés rara, no me importa ¿vale? Me importas tú, y quiero saber qué te pasa.- Me cogió por los hombros.

  • Déjalo ya, Heath, no estamos consiguiendo nada.- Me aparté de él.

Y me fui, medio corriendo, medio llorando. Me giré y vi que Heath seguía ahí, con los brazos extendidos como diciendo ¿Pero qué ha sido eso?
  • Lo único que estamos consiguiendo es que te hagas más lío aún.- gritó antes de darse la vuelta y marcharse.

Quince.
COREEN JAVIERS
Gail y yo entramos en secretaría después de salir del salón de actos para que nos pusieran juntas en la habitación.
La señora Cook, así ponía en su plaquita, la encargada de atendernos, estaba un poco de mal humor, por que era el primer día de curso y tenía bastante papeleo.
  • Hola, queríamos que nos pusieran juntas en la habitación.- Dije, con la mejor de mis sonrisas de niña buena.
  • Cariño, ¿De verdad crees que con la cantidad de papeleo que tengo me voy a preocupar porque tú y tu amiga queréis estar en la misma habitación?
Como vio que no decíamos nada, alzó una ceja y dijo:
  • Pues no, la respuesta es no, tendría que desplazar a otra chica de otra habitación y eso da mucho trabajo...- Siguió pasando papeles y escribiendo cosas en el ordenador. Gail y yo nos miramos. Me mordí el labio.
  • Por favor, señora Cook, si sólo queremos que nos pongan juntas en la habitación, ¡no nos importa tener otra compañera!.- Suplicó Gail.

La señora Cook apartó su mirada de la pantalla del ordenador y puso cara de circunstancias.
  • ¿No os importa ser tres en una habitación?.- Dijo con voz cansada, Resopló, y añadió.- Bueno, entonces creo que algo se podrá hacer.

Se giró para mirar la pantalla del ordenador y tecleó un par de cosas.
  • ¿Nombre y curso?.- Preguntó.

  • Gail Durst.- Dijo Gail.- De tercero.

  • Yo Coreen Javiers, Coreen con dos E.- dije yo. La gente siempre escribía mi nombre como le daba la gana.- Yo también de tercero.

Tecleó nuestros nombres y nos volvió a mirar.
  • Bien, estáis en la habitación 54, segundo piso de la residencia B. -Volvió a pasar papeles, y a escribir en su ordenador.
  • Dios mío, ¡muchísimas gracias, señora Cook!.- Exclamé.

Catorce.
HEATH MARSHALL
¿Es eso que se ve al fondo Darewood Hills? Seguí pedaleando con todas mis fuerzas, aunque sentía que tarde o temprano me desmayaría de agotamiento si seguía así mucho tiempo.
Sí, era el colegio. Gracias a dios.
Me acerqué a la puerta y llamé al telefonillo. Al cabo de unos segundo, se oyó un clak!
  • ¿quién es?.- Una voz metálica, la de la señora Cook, se escuchó a través del aparatito gris.

  • Eh...- A duras penas podía respirar, y tardé un poco en reaccionar.- Marshall, Heath Marshall, llego tarde...

  • Ah, claro... Marshall, veo que mantienes tu nivel de puntualidad un año más, anda pasa.- Se oyó otro clak! Aún más fuerte y la puerta se abrió. Entré arrastrando mi bici y la dejé atada a una de las farolas pegadas al muro.

Con mi mochila al hombro, empecé a avanzar por el camino de piedrecitas que había para llegar al césped. A lo lejos, en el bloque numero tres, vi como la gente empezaba a salir. ¡Toma ya! ¡Me había perdido la charla del director! Busqué a alguien conocido, y no tardé en encontrar a Dan, uno de mis mejores amigos.
  • ¡Dan, eh Dan!.- exclamé llamando su atención moviendo los brazos.

  • ¡Tio!.- Exclamó al verme, se acercó y me dio un abrazo.- Uf, ¡no te imaginas lo que ha sido ir a la playa de North Carolina sin ti! Tenía a George todo el rato diciéndome que contigo se lo pasaba mejor...
Se rio.
  • ¿Has visto a Jude?.- Pregunté.
  • Bueno, la verdad es que no, porque nos han metido a todos en el salón de actos según hemos llegado, ¿Vamos a buscarle?

Trece.
GAIL DURST
Ahí estaba yo, perdida en un salón de actos en el que había más de mil personas de las que yo conocía a dos, de las cuales, había una a la que desearía no conocer.
Coreen, a mi lado, no paraba de hablarme de la fiesta de bienvenida, que era en dos semanas. Era una de esas cosas que si alguien las hace en España todo el mundo piensa que qué horterada, pero que si las haces en Estados Unidos, son algo completamente normal. Homecoming, así llamaba a la fiesta. Tenía a mi lado a una chica rubia con unos ojos azules enormes que parecía preocupada buscando a alguien. Su mirada se pasaba por el resto de personas que nos rodeaban todo el rato. Me habría gustado preguntarle que a quién esperaba, pero no la conocía, y tampoco era plan de: Hola, soy Gail y odio este sitio, ¿Tú no?..Por cierto, ¿a quien estas esperando? Por que estas esperando a alguien, ¿verdad?
No era plan.
Seguí escuchando a la charla del director, y casi se me cerraban los párpados solos del cansancio que tenía del viaje, y.. Bueno, supongo que también tenía algo que ver con el tono de hablar del director, totalmente monótono.

Doce.
LEIGHTON DE LA MOULINE
¿Donde demonios estaba Heath? Siempre me hacía lo mismo. Cada año me prometía que llegaría a la hora que había que llegar. Y cada año llegaba una hora y media tarde. Y también, cada año me enfadaba con él. Y cada año nos reconciliábamos a los cinco minutos.
Pero esta vez era diferente. Yo era diferente. Desde la muerte de mi hermana en un accidente de tráfico en Julio, las cosas habían cambiado mucho. Quizá habían cambiado demasiado. Ya casi no reía, ya no hablaba tanto como antes. Ya no tenía ganas de gritar a mi madre cuando me enfadaba, mis problemas ya no me parecían tan graves.
Miré a mi alrededor en aquel gigantesco salón de actos, buscándole otra vez. Nada. No había nadie con ese pelo rubio pajizo, nadie con esos ojos verdes que tanto me gustaban. Que tanto le gustaban a la otra Leighton. La que se reía. La que hablaba demasiado.
Suspiré y traté de concentrarme en el discurso del director, el señor Brown.

Once.
HEATH MARSHALL
Tenía calor. Me daban calor hasta las gafas de sol. Quería agua, pero estaba en la mochila, y en este momento no la podía alcanzar. Joder, ¿cuantos grados debían hacer? ¿40?
Sólo tengo que pedalear cinco minutos más, pensé. ¿ En cinco minutos daba tiempo a que me diera un ataque de calor o una insolación?.
Mientras me moría de calor, montaba en bicicleta y trataba de pensar una forma de coger la botella de agua sin pegarme una hostia, sonó el móvil. Esa canción de la compañía telefónica que mi hermano me había puesto un día que me cogió el móvil y que se me había olvidado cambiar. Me paré a un lado de la carretera y me descolgué la mochila del hombro.
Abrí el teléfono. Dan.
  • ¿Hola?.- Pregunté al aparato, con la respiración entrecortada del calor y del cansancio.

  • Tronco, ¿donde coño estás?.- Susurraba.

  • Oye tio, ¡que he tenido que venir haciendo autoestop y luego en bicicleta!

  • Joder pues date prisa, que ya estamos en el salón de actos y está el director dando la charla de bienvenida.

Colgué el teléfono y me monté de nuevo en la bici, yendo más rápido que antes. ¿Por qué todos los años me pasaba lo mismo?

Diez.
GAIL DURST.
Traté de ubicar a la chica que hacía unos segundos había gritado mi nombre.
  • ¡ Eh Gail!.- Volvió a decir.- ¿que haces aquí?
Coreen. Coreen Javiers. Esa era.

  • ¡Coreen!.- Exclame, dejé mis maletas en el suelo para darle un abrazo.- ¡Cuanto tiempo!.- Entonces me volví hacia el otro chico que estaba con ella...
Y se me cayó el mundo encima.
Mis piernas empezaron a temblar y noté como mi corazón iba cada vez más rápido. Mierda. Mierda mierda mierda.

  • ¡Hola!- Exclamó él. Él. Jude.- ¡Gail, cuanto tiempo sin verte!¡Que casualidad!¿ no?
Esa manera de hablar, esa sonrisa. Él.

Él, Jude, se acercó a darme dos besos, siempre hacía la gracia con la costumbre española. Dios mío, seguro que me estaba poniendo roja.
  • ¿Estás en el Darewood?.- Preguntó Coreen mirándome.

  • Sí, me trajo Rose.- Sonreí a duras penas.

Jude cogió una de mis maletas y la puso donde estaban las suyas y las de su hermana. Qué mono... ¡Eh! ¡Me había quedado embobada! Me apresuré a coger mi otra maleta y mi mochila y a pasar al otro lado del muro. Coreen dejó que la puerta se cerrara. Hizó un fuerte sonido metálico yo pegué un bote. Jude se rio un poco. Su risa.
Empezamos a arrastrar nuestras maletas hacia una puerta transparente a través de la cual se podía ver una salita con paredes blancas y mucha gente dentro.
  • ¿Y como es que te viniste a Ohio?.- Me peguntó Coreen. Coreen. Habíamos sido muy amigas ese verano...- No esta precisamente cerca de España, ¿no?

  • Bueno...- Vacilé.- La verdad es que yo no quería venir, pero a mi padre le han ofrecido un trabajo en Turquía muy importante, y bueno... Como tengo doble nacionalidad...

  • Pues que suerte que hayas venido.- Comentó Jude. Y mi corazón daaaaale BUM BUM BUM.- Osea, por que así por lo menos conoces a alguien.
Me sonrió otra vez.
A ver esto era demasiado. No tenía absolutamente ningún sentido. Era completamente injusto y no estaba bien. A las personas normales como yo, nunca les pasaban esas cosas. No tenía ningún sentido que, después de todo un año intentando olvidarle, apareciera porque sí. No Podía ser cierto. Por favor, que ahora me despierte y sea solo un sueño, pensé repetidas veces. ¡Por favor!...
¿Y lo peor? Lo peor era que sabía que él no me había echado nada de menos, que sabía que si no era por que Coreen me hubiera mencionado alguna vez, no habría si quiera pensado en mí. La verdad es una mierda. Sobre todo cuando uno quiere convencerse de lo contrario y aún así sabe que se está mintiendo a sí mismo.
Mientras se acercaban a la puerta transparente, yo quería salir corriendo de ahí. Quería salir corriendo y gritar de rabia, de impotencia... De cualquier cosa. El último lugar en el mundo donde quería estar era ese paseíto de piedrecitas entre el césped que cubría toda la parcela que rodeaba el edificio. 

Nueve.
JUDE JAVIERS
El telefonillo hizo un ruido metálico extraño y cuando finalmente se oyó un clack, la puerta se abrió. Mientras yo metía las maletas en el otro lado del muro, Coreen sujetaba la puerta con el pie.
Pero, cuando ya teníamos todo metido, una chica que arrastraba dos maletas y una mochila enormes empezaron a correr.
  • ¡Espera, por favor!- Exclamó la chica.- ¡No cierres!

Me giré para verla mejor. ¿De qué me sonaba?
Estaba seguro, la conocía. Intenté ubicarla , pero por más que lo intenté no conseguí situarla.
Entonces me acordé de golpe. Cuanto tiempo había pasado... Esa chica sólo podía ser...

  • ¡Gail!-Exclamó Coreen con voz asombrada.
Ocho.
GAIL DURST
  • My dear, ¡Cuanto tiempo sin verte sweetie!- Tia Rose me dio un abrazo enorme.
Siempre hablaba en una mezcla extraña de inglés y español, pero no me costaba trabajo entenderla, porque mi padre, que era americano, siempre me había hablado en inglés de pequeña.

Me subí en su nuevo coche, un seat de color rojo.
  • Sweetie, I wish we could spend more time together before te vayas a la escuela!

  • Y yo tambien, pero eso háblalo con mi padre...

Tia Rose se rió con esa risa tan contagiosa que tenía y que me hijo reír a mí también.
  • John has always been so pesado...- Puso los ojos en blanco mientras cambiaba la emisora de la radio.

Seguimos hablando durante todo el viaje. Tia Rose me contó que se había comprado un labrador desde que vio la pelicula esa de Jennifer Aniston, porque se sentía un poco sola ahora que Kelly, su hija mayor, se había ido a vivir con su novio a San Diego.
Yo estaba bastante cansada, por eso del Jet-lag, y agradecí que la tia Rose fuera una de esas personas que hablan tanto, que no necesitas decir nada para que se sientan a gusto.
Por fín, se vio a lo lejos entre las colinas, un edificio de ladrillo.
Pensé que parecía mucho más grande que en la foto de la página web. Tia Rose paró el coche enfrente de la puerta de metal negro, y yo me bajé rápidamente para sacar mis maletas del maletero. Tia Rose se bajó también y me ayudo a sacar la más grande.
Luego me dio un abrazo y muchos, muchísimos besos.
  • Bueno, now I'm leaving, tengo que ver a una amiga por aquí cerca. I'm sure you'll find out como entrar y todo eso, okey? Bueno, que me voy, que tengo prisa.- Se despidió riéndose con esa risa suya y me lanzó un beso con la mano.

Bien. A partir de ahora, se acabó el hablar en español.