Treinta.
GAIL DURST
La música está en todas partes, todo el mundo baila, incluída yo, al lado de Heath, que no para de hacerme reír. Realmente es muy simpático.
Me dolían los pies, aunque mis tacones eran mucho más bajos que los de Coreen, que medían por lo menos catorce centímetros. Por cierto, ¿Donde está Coreen? Miré a mi alrededor, pero era casi imposible encontrar a nadie aquí, entre tanta gente.
La atmósfera era un poco agobiante, necesitaba respirar aire fresco.
¡Voy a salir a tomar el aire, tengo mucho calor!.- Chillé en el oído de Heath. Él asintió y sonrió. Me parece que había mencionado algo de que los del Senior Year habían colado alcohol en los cócteles. No me extañó, todo el mundo estaba muy acelerado.
Mientras me abría camino hacia la puerta, alguien me ofreció un vaso con algo azul, y me lo bebí sin pensármelo, tenía mucha sed.
Por fín conseguí salir del gimnasio, y me apoyé en una de las paredes de ladrillo, con mi copa en la mano.
La puerta se volvió a abrir. Y salió... Jude.
Hice como que no le había visto.
Se apoyó a mi lado en la pared, sin decir nada. Estuvimos así por lo menos cinco minutos. Era una situación incómoda y algo extraña.
Al fín, Jude me sonrió y se volvió para a dentro. Esperé unos minutos después de que cerrara la puerta para volver a entrar. Y cuando lo hice, no pude arrepentirme más.
En una esquina, cerca de el comité de bebidas, había dos personas besándose apasionadamente. No pude evitar reconocer la camisa azul clara de Jude.
Avancé entre la gente a toda velocidad. Cogí otro vaso y me lo bebí de golpe. Luego me acordé de algo que había dicho Heath de los cocteles. Extrañamente, no era capaz de recordar el qué. Pero estaba decidida. Entre la multitud, vi a Heath hablando con Dan, riendo, por supuesto.