Bikes are for summer. Las bicicletas son para el verano. Esta historia está contada por muchas personas diferentes, cada una con sus opiniones, sus verdades, sus mentiras y sus secretos. Déjate empapar por los pensamientos de Coreen, Jude, Dan, Leighton, Gail... y no te olvides de dejar comentarios sobre qué te parece el blog, nuevas ideas, o simplemente un saludo para que sepa que lo habéis leído ;)

viernes, 11 de marzo de 2011


Dos.
GAIL DURST
  • ¿Qué?- Miré a mis padres alzando una ceja- ¿Un internado? ¿En Ohio? ¡Y una mierda!
Arrugué la nariz, ¡era completamente absurdo!

  • Controla ese vocabulario, Gail.- Se apresuró a decir mi madre, mirando por la ventana fugazmente, probablemente comprobando que Teresa Lozano, su eterna enemiga y nuestra vecina de enfrente, no estuviera mirando.

Crucé los brazos.
  • Obligadme a ir. Me voy a escapar.

  • Por favor Gail, entiéndelo.- Mi padre se colocó las gafas con el dedo índice, un gesto que hacía a menudo, y que yo odiaba.- No hay opciones. ¿o prefieres venirte el año entero a Turquía con nosotros? Sabes que no, y además, la tia Rose se ha ofrecido a irte a recoger al aeropuerto y a llevarte ella misma al colegio.

  • ¿Pero porqué tiene que ser tan lejos? ¿No podeís mandarme a ese de Tres Cantos?

  • Jovencita, no me puedo creer que quieras desaprovechar una oportunidad como la de irte a estudiar al extranjero.- Mamá puso su mejor cara de indignada mientras, por el rabillo del ojo, la vi mirar por la ventana de nuevo.- Irás a Ohio y punto.

  • Como digáis, yo me voy.- Dije mientras me levantaba de la silla de la cocina en la que había estado sentada.

¿Porqué me hacían esto? ¿por qué me daban una oportunidad que no quería para nada. Y encima en Ohio. Ohio no traía buenos recuerdos. De hecho, la última vez que fue a visitar a la tia Rose había sido algo... Bueno, no era necesario recordarlo una vez más.
Cogí mi bolso marrón y me puse unas sandalias romanas que me había comprado el último finde con Paloma. Cogí mis llaves de mi escritorio y salí del piso en el que vivía dando un portazo.
Llamé al ascensor, mientras sacaba el móvil de mi bolso. Quizá llamara a Laura y a Paloma para ir al Retiro. El ascensor llegó, y me metí dandole a la letra B.
Cuando salí del portal, me perdí en las calles de Madrid, pensando que en vez de llamarlas y gastar saldo, mejor iba a sus casas para que no tuvieran elección. Tenía que contarles lo de Ohio.

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