Treinta y cinco.
COREEN DURST
- Dio mío, mi cabeza.- Susurré nada más abrir los ojos.
- Cuéntamelo a mí.- Me respondió Gail desde su litera.- ¿los paracetamoles los tenía en la mochila roja?.
- No pienses tanto, que me duele la cabeza a mí.
La puerta de la habitación 54 se abrió de golpe.
- ¡Que clase de subnormal ha hecho tanto ruido?.- Exclamé al instante.
Giré un poco la cabeza para mirar quién era. Leighton.
- Dios, ¡Lo siento!.- Dijo tapándose la boca.- Pero ya son las doce del mediodía, no tenéis desayuno. Pensaba que estabais despiertas.
Me extraño que usara tantas palabras en la misma frase. Estas primeras semanas sólo se había comunicado a través de monosílabos
- Bueno, yo me voy a dar un paseo por ahí... ¡Buenos días!.- Salió de la habitación, risueña. No me paré a pensar en nada por mucho más tiempo. Volví a cerrar los ojos, deseando dormirme de nuevo.
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