Treinta y cuatro
LEIGHTTON DE LA MOULINE.
Estaba sentada en una silla. Sola. Mirando como la gente reía y se lo pasaba genial. La otra Leighton estaría ahí, bailando. Probablemente bailando con heath algún baile de broma. O riéndose con sus amigas del año pasado. Pero no. La Leighton sosa la Leighton tonta que nunca tiene ganas de nada, la Leighton que era en ese momento, esa Leighton simplemente se dedicaba a mirar a la gente reír. Alguien se acercó a mí, iba haciendo eses. Heath. Sentí un golpe que hizo que me subieran las pulsaciones.
- Princesa... Leigh, ¿Me concedes este baile?.- Dijo con voz gangosa. Era obvio que había bebido bastante.
Sonreí. Heath tenía los ojos brillantes, y extendía su mano hacia mí.
Se la cojí. ¿Por qué no?
Durante os siguientes diez minutos la Leighton antigua pareció resurgir. No podía parar de reír. Hasta acabamos haciendo el Michael Jackson como el año pasado. Estaba disfrutando como no lo hacía desde hace meses. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que había soltado la última carcajada? Por lo menos cinco meses.
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