Veintiséis.
GAIL DURST
Esperé a que Heath se fuera. Salí de la clase y tiré la mochila al suelo del pasillo con rabia. Me apoyé en la pared y me fui escurriendo hasta que llegué al suelo.
Esto era demasiado. No podía ser. Era hasta masoquista. Durante el último año, había tenido tiempo suficiente para convencerme a mí misma. Más que suficiente. Habían sido demasiadas horas esperando a que me hablara en el chat del facebook. Habían sido demasiadas veces las que Paloma y Laura me habían dicho que debía olvidarme de él. De hecho, en los últimos meses, ya casi había conseguido olvidarle. Ya casi no pensaba en él. Casi, había conseguido engañarme a mí misma. Era absurdo, era enfermizo, no tenía absolutamente ningún sentido. Pero era real. Demasiado real.
¿Qué debía hacer? Heath era muy guapo. Era simpático, por lo que sabía de él. Y probablemente también era una buena forma de mantener mi mente ocupada.
Decidido. Le diría que sí a Heath. ¿Por qué no? De todas maneras, la única persona que quería que me pidiera, no lo iba a hacer, así que, ¿por qué estar amargada toda la fiesta?
- ¡Gail, aquí estás! .- La voz de Coreen sonó con eco en el pasillo.- Ven, casi es la hora de comer y si no nos damos prisa, luego nos toca sentarnos con Alicia y las otras guarras de tercero.
Me levanté, cogiendo la mochila y echándomela al hombro. Tenía cosas que contarle.
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