Bikes are for summer. Las bicicletas son para el verano. Esta historia está contada por muchas personas diferentes, cada una con sus opiniones, sus verdades, sus mentiras y sus secretos. Déjate empapar por los pensamientos de Coreen, Jude, Dan, Leighton, Gail... y no te olvides de dejar comentarios sobre qué te parece el blog, nuevas ideas, o simplemente un saludo para que sepa que lo habéis leído ;)

viernes, 11 de marzo de 2011


Treinta y cinco.
COREEN DURST
  • Dio mío, mi cabeza.- Susurré nada más abrir los ojos.
  • Cuéntamelo a mí.- Me respondió Gail desde su litera.- ¿los paracetamoles los tenía en la mochila roja?.
  • No pienses tanto, que me duele la cabeza a mí.
La puerta de la habitación 54 se abrió de golpe.
  • ¡Que clase de subnormal ha hecho tanto ruido?.- Exclamé al instante.
Giré un poco la cabeza para mirar quién era. Leighton.
  • Dios, ¡Lo siento!.- Dijo tapándose la boca.- Pero ya son las doce del mediodía, no tenéis desayuno. Pensaba que estabais despiertas.
Me extraño que usara tantas palabras en la misma frase. Estas primeras semanas sólo se había comunicado a través de monosílabos
  • Bueno, yo me voy a dar un paseo por ahí... ¡Buenos días!.- Salió de la habitación, risueña. No me paré a pensar en nada por mucho más tiempo. Volví a cerrar los ojos, deseando dormirme de nuevo.
Treinta y cuatro
LEIGHTTON DE LA MOULINE.
Estaba sentada en una silla. Sola. Mirando como la gente reía y se lo pasaba genial. La otra Leighton estaría ahí, bailando. Probablemente bailando con heath algún baile de broma. O riéndose con sus amigas del año pasado. Pero no. La Leighton sosa la Leighton tonta que nunca tiene ganas de nada, la Leighton que era en ese momento, esa Leighton simplemente se dedicaba a mirar a la gente reír. Alguien se acercó a mí, iba haciendo eses. Heath. Sentí un golpe que hizo que me subieran las pulsaciones.
  • Princesa... Leigh, ¿Me concedes este baile?.- Dijo con voz gangosa. Era obvio que había bebido bastante.
Sonreí. Heath tenía los ojos brillantes, y extendía su mano hacia mí.
Se la cojí. ¿Por qué no?
Durante os siguientes diez minutos la Leighton antigua pareció resurgir. No podía parar de reír. Hasta acabamos haciendo el Michael Jackson como el año pasado. Estaba disfrutando como no lo hacía desde hace meses. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que había soltado la última carcajada? Por lo menos cinco meses.
Treinta y cuatro
LEIGHTTON DE LA MOULINE.
Estaba sentada en una silla. Sola. Mirando como la gente reía y se lo pasaba genial. La otra Leighton estaría ahí, bailando. Probablemente bailando con heath algún baile de broma. O riéndose con sus amigas del año pasado. Pero no. La Leighton sosa la Leighton tonta que nunca tiene ganas de nada, la Leighton que era en ese momento, esa Leighton simplemente se dedicaba a mirar a la gente reír. Alguien se acercó a mí, iba haciendo eses. Heath. Sentí un golpe que hizo que me subieran las pulsaciones.
  • Princesa... Leigh, ¿Me concedes este baile?.- Dijo con voz gangosa. Era obvio que había bebido bastante.
Sonreí. Heath tenía los ojos brillantes, y extendía su mano hacia mí.
Se la cojí. ¿Por qué no?
Durante os siguientes diez minutos la Leighton antigua pareció resurgir. No podía parar de reír. Hasta acabamos haciendo el Michael Jackson como el año pasado. Estaba disfrutando como no lo hacía desde hace meses. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que había soltado la última carcajada? Por lo menos cinco meses.
Treinta y tres.
JUDE JAVIERS
  • Voy a por bebidas, ¿quieres algo?.- Le pregunté a Lisbeth.
    Asintió con la cabeza, era inútil pretender que nos escuchábamos entre tanto ruido y tanta gente.
Me dirigí a uno de los camareros que se iban paseando por la sala con vasos. Cuando iba a estirar el brazo para alcanzar una de las copas, vi que había una pareja besándose unos metros mas allá. Conseguí distinguir al chico, era Heath, con su blusa de color negro. LA chica... Pelo marrón.. Vestido azul... ¡Gail! Me costó unos segundos cercionarme de que realmente era ella. Sí, ese era sin duda su pelo.
Por unos segundos, separaron las caras, y Gail se giró en mi dirección una media sonrisa. Cuando se encontró con mis ojos su mirada se volvió seria, pero giró rápidamente la cabeza de nuevo hacia Heath. Él la miraba sonriente. Dijo algo y ella se rio. No podía dejar de mirar. ¿Por qué? ¿Qué sentía exactamente? ¿Celos? No creo. ¿Decepción? Algo parecido. Era una mezcla de sentimientos que hacía que sintiera cada segundo como auténticas horas.
Heath se separó de Gail y fue a hablar con los del equipo de baloncesto. Gail se quedó un rato quieta. Parecía un poco dudosa. Sus mejillas estaban algo coloradas. Volvió a mirar hacia mí, y creo que el brillo que vi en su mejilla era una lágrima. Empezó a andar hacia la puerta, rápido.
La seguí, cauteloso, por detrás. Salió del gimnasio y vi a través del cristal cómo se sentaba apoyada en una de las paredes. ¿qué le pasaba?
Abrí la puerta y sentí el frío muy intenso después del calor de adentro.
Me senté a su lado. Tenía las mejillas manchados de rimmel líquido. Su mirada estaba posada en el suelo. Se giró para mirarme.
  • Ah, tú.- Arrugó el gesto.

  • ¿Qué pasa Gail?.- Pregunté en voz baja.- Has llorado.

  • ¿Qué me pasa?.- Su voz era algo rara. Como si hubiera bebido. Abrió la boca como si fuera a seguir hablando. Pero la cerró.

    Otra lágrima cayó por su mejilla.
  • Odio este colegio. Odio este sitio. Sólo me recuerda cosas malas de mí. Mi faceta de zorra, por ejemplo.- Sonrió amargamente y se volvió para mirarme.

  • ¿Qué zorra?.- Pregunté, obligándola a mirarme a los ojos.Luego entendí.- Heath.
No dijo nada. Apartó la mirada de mí.

  • ¿Te puedo preguntar algo?.- Pregunté, sin esperar una respuesta. No la obtuve.- El verano pasado éramos muy amigos. Quiero saber porqué estás así, rara, conmigo.

  • ¿rara?.-Miró al cielo, era de noche y se podían ver las estrellas.- El problema eres tú. Te odio. A tí también te odio. Porque eres ciego. No sabes ver las cosas.

Me giré para mirarla.
  • ¿Sabes que creo?.- La miré.- Que deberías irte a tu habitación ya. Estás fatal, los de senior year han metido alcohol en los cócteles y …

  • No estoy fatal. Estoy perfectamente. Y sigo odiándote. Por estar tan ciego. ¡No lo entiendes, ¿vale?! ¡No lo entiendes ese es el único problema. Tú tienes la culpa de que este año que ha pasado haya sido una mierda.

  • ¿Qué?.- Pregunté, desconcertado. No me estaba enterando de nada.- ¿Qué estás diciendo, Gail?
  • Olvídalo.- Se levantó y se fue hacia el edificio de las habitaciones.
    Por lo menos me hizo caso. 

Treinta y uno.
HEAT MARSHALL.
  • Se ha ido, me ha dejado completamente solo tío.- ME decía Dan encogiéndose de hombros.- Creo que iré a por alguna de las gemelas Owen o... Kelly Santiago, la mexicana... O...
Alguien me dio unos toquecitos en el hombro. Dejé de prestar atención a Dan, lo que
era fácil, teniendo en cuenta el volumen de la música, y me giré. Gail. Sonreí.
Entonces todo sucedió muy rápido. Me cogió el cuello por atrás con la mano, acercó su cara a a mía, y me pegó un beso en la boca. Suave, dulce. Corto. Sonrió. Solté una risita y la devolví el beso.

Treinta y dos.
GAIL DURST.
Abbigail Helena Durst. ¿Qué se supone que estás haciendo? 
Treinta.
GAIL DURST
La música está en todas partes, todo el mundo baila, incluída yo, al lado de Heath, que no para de hacerme reír. Realmente es muy simpático.
Me dolían los pies, aunque mis tacones eran mucho más bajos que los de Coreen, que medían por lo menos catorce centímetros. Por cierto, ¿Donde está Coreen? Miré a mi alrededor, pero era casi imposible encontrar a nadie aquí, entre tanta gente.
La atmósfera era un poco agobiante, necesitaba respirar aire fresco.
  • ¡Voy a salir a tomar el aire, tengo mucho calor!.- Chillé en el oído de Heath. Él asintió y sonrió. Me parece que había mencionado algo de que los del Senior Year habían colado alcohol en los cócteles. No me extañó, todo el mundo estaba muy acelerado.
Mientras me abría camino hacia la puerta, alguien me ofreció un vaso con algo azul, y me lo bebí sin pensármelo, tenía mucha sed.
Por fín conseguí salir del gimnasio, y me apoyé en una de las paredes de ladrillo, con mi copa en la mano.
La puerta se volvió a abrir. Y salió... Jude.
Hice como que no le había visto.
Se apoyó a mi lado en la pared, sin decir nada. Estuvimos así por lo menos cinco minutos. Era una situación incómoda y algo extraña.
Al fín, Jude me sonrió y se volvió para a dentro. Esperé unos minutos después de que cerrara la puerta para volver a entrar. Y cuando lo hice, no pude arrepentirme más.
En una esquina, cerca de el comité de bebidas, había dos personas besándose apasionadamente. No pude evitar reconocer la camisa azul clara de Jude.
Avancé entre la gente a toda velocidad. Cogí otro vaso y me lo bebí de golpe. Luego me acordé de algo que había dicho Heath de los cocteles. Extrañamente, no era capaz de recordar el qué. Pero estaba decidida. Entre la multitud, vi a Heath hablando con Dan, riendo, por supuesto. 
Veintinueve.
DAN RACER
Ahí estaba Julie, sentada en el banco de al lado del gimnasio. Me había vestido para la ocasión, tras horas y horas Jude insistiendo en que tendría muy pocas oportunidades como Julie Howard, y que tenía que impresionarla. A veces me pregunto cómo puede ser tan sincero y que aún así sigamos siendo amigos.
Llegué a su lado, y saludé con la mano. Qué difícil era moverse con esto puesto.
Iba preciosa, con un vestido morado de palabra de honor y unos tacones del mismo color, muy altos.
  • ¡Hola!.- Exclamé
Sonrió, un poco fría para mi gusto. Se levantó y la cogí del brazo. Avanzamos hacia la entrada del gimnasio, donde entregamos ambas entradas. La chica sentada en la mesa nos indicó que avanzáramos para hacernos la fotografía para el anuario.
El profesor de filosofía estaba haciendo las fotografías, y nos pusimos a la cola. Julie saludó por lo menos a veinte personas que pasaron cerca de nosotros, y que ni me miraron.
  • La pareja de la chica del pelo rojo, venid, es vuestro turno.- Dijo el señor Neill. Nos colocamos en posición.- Más juntos... Las cabezas ligeramente ladeadas y...
Un flash cegador nos impidió ver por unos instantes, y luego entramos en la fiesta.
El gimnasio estaba totalmente cambiado. Las luces de colores inundaban todo, y había enormes carteles por todas partes, guirnaldas, y música a todo volúmen.
Me giré para mirar a Julie, pero cuando miré a mi izquierda, ya no había nadie. Qué chica. Me encogí de hombros y decidí buscar a alguien conocido. Y quizás algo de comer.